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sábado, 7 de noviembre de 2020

Oración ante Jesús en la cruz

 

En esta tarde, Cristo del Calvario,

vine a rogarte por mi carne enferma;

pero, al verte, mis ojos van y vienen

de tu cuerpo a mi cuerpo con vergüenza.


 

¿Cómo quejarme de mis pies cansados,       

cuando veo los tuyos destrozados?

¿Cómo mostrarte mis manos vacías,

cuando las tuyas están llenas de heridas?

 

¿Cómo explicarte a ti mi soledad,

cuando en la cruz alzado y solo estás?

¿Cómo explicarte que no tengo amor,

cuando tienes rasgado el corazón?

 

Ahora ya no me acuerdo de nada,

huyeron de mí todas mis dolencias.

El ímpetu del ruego que traía

se me ahoga en la boca pedigüeña

 

Y sólo pido no pedirte nada,

estar aquí, junto a tu imagen muerta,

ir aprendiendo que el dolor es sólo

la llave santa de tu santa puerta. 

Amén.






viernes, 6 de noviembre de 2020

Bendita sea tu pureza

 

Bendita sea tu pureza

y eternamente lo sea,

pues todo un Dios se recrea

en tan graciosa belleza.


 

A ti, celestial princesa,

Virgen sagrada, María,

te ofrezco en este día

alma, vida y corazón.

 

¡Mírame con compasión!

¡No me dejes, Madre Mía!






 

jueves, 5 de noviembre de 2020

El Amor

 

Una cosa yo he aprendido

de mi vida al caminar:

no puedo ganarle a Dios

cuando se trata de dar.

Por más que yo quiero darle

Siempre me gana Él a mí

porque me regresa más

de lo que yo le pedí.

Se puede dar sin amor;

no se puede amar sin dar.

Si yo doy no es porque tengo;

más bien tengo porque doy.

Y cuando Dios me pide

es que me quiere dar

y cuando Dios me da

es que me quiere pedir.

Si quieres haz el intento

y comienza desde hoy

y verás que, en poco tiempo,

tú también podrás decir.

Una cosa yo he aprendido

de mi vida al caminar:

no puedo ganarle a Dios

cuando se trata de dar.



Popular.   Esta "oración" se la oí a mi amigo “Sera”







miércoles, 4 de noviembre de 2020

Invocación al Espíritu Santo

 

       Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor.

V./ Envía tu Espíritu y todo será creado.

R./ Y repuebla la faz de la tierra.

      Oremos:

      Oh Dios, que has iluminado los corazones de tus hijos con la luz del Espíritu Santo; haznos dóciles a sus inspiraciones, para gustar siempre el bien y gozar de su consuelo.

      Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.





 

martes, 3 de noviembre de 2020

ORACIÓN DEL JUBILEO DE LA MISERICORDIA

 

   Señor Jesucristo, tú nos has enseñado a ser  misericordiosos como el Padre del cielo, y nos has dicho que quien te ve, lo ve también a Él. Muéstranos tu rostro y obtendremos la salvación.

    Tu mirada llena de amor liberó a Zaqueo y a Mateo de la   esclavitud del dinero; a la adúltera y a la Magdalena de   buscar la felicidad solamente en una creatura; hizo llorar a   Pedro luego de la traición, y aseguró el Paraíso al ladrón   arrepentido. Haz que cada uno de nosotros escuche como   propia la palabra que dijiste a la samaritana: ¡Si conocieras   el don de Dios!

     Tú eres el rostro visible del Padre invisible, del Dios que   manifiesta su omnipotencia sobre todo con el perdón y la   misericordia: haz que, en el mundo, la Iglesia sea el rostro   visible de Ti, su Señor, resucitado y glorioso.

 

        Tú has querido que también tus ministros fueran revestidos de debilidad para que sientan sincera compasión por los que se encuentran en la ignorancia o en el error: haz que quien se acerque a uno de ellos se sienta esperado, amado y perdonado por Dios.

       Manda tu Espíritu y conságranos a todos con su unción para que el Jubileo de la Misericordia sea un año de gracia del Señor y tu Iglesia pueda, con renovado entusiasmo, llevar la Buena Nueva a los pobres proclamar la libertad a los prisioneros y oprimidos y restituir la vista a los ciegos.

      Te lo pedimos por intercesión de María, Madre de la Misericordia, a ti que vives y reinas con el Padre y el Espíritu Santo por los siglos de los siglos.

      Amén.


    



  


lunes, 2 de noviembre de 2020

ORACIÓN DE SAN BERNARDO

 


Acordaos, ¡oh piadosísima Virgen María!,

que jamás se ha oído decir que ninguno

de los que han acudido a vuestra protección,

implorando vuestra asistencia

y reclamado vuestro socorro

haya sido abandonado de Vos.

 

Animado con esta confianza,

a Vos también acudo,

¡oh Madre, Virgen de las vírgenes!

 

Y aunque gimiendo

bajo el peso de mis pecados,

me atrevo a comparecer

ante vuestra presencia soberana.

 

No desechéis, ¡oh Madre de Dios!,

mis humildes súplicas,

antes bien inclinad a ellas vuestros oídos

y dignaos atenderlas favorablemente.